No soy pianista. De hecho, no tengo ningún título oficial que acredite mi formación musical. Sin embargo, me considero músico. Tengo más de 130 canciones editadas que puedes escuchar en Spotify y que suman más de 20 millones de escuchas. Una de ellas, Pienso, luego existes, forma parte de la banda sonora de la serie americana de HBO Sharp Objects. He compuesto música para teatro, televisión y cine. Hacer música es una de las cosas a las que no podría renunciar en mi vida. Es algo que siempre me acompañará. Lo sé. 

 

Soy sinestésico. Seguramente conoces a alguna persona sinestésica. No es una enfermedad ni un trastorno, simplemente es una particularidad neurológica que supone la mezcla de los sentidos. Los sinestésicos mezclamos olores con colores, sonidos con imágenes… En mi caso, asocio siempre, siempre, colores a palabras, letras, números y notas musicales. Siempre. Así, los sábados son blancos, el cinco es amarillo, el mes de julio es verde, un acorde de sol mayor es rojo, pero uno de sol menor es negro. Soy incapaz de desligar esa forma arbitraria de “ver” los elementos que utilizo para componer música, para escribir o, incluso, para estudiar. Sí. Estudié Historia y la sinestesia me sirvió de mucho para memorizar fechas y organizar periodos y procesos. Aún me sigue encantando la Historia.

En realidad, me gustan muchas cosas. He escrito y dirigido cortometrajes, programas de TV, documentales, videoclips, spots de publicidad y he recibido varios premios por ello. También dirijo audiolibros y escribo. Todo esto hace que me cueste definirme cuando me preguntan a qué me dedico. No lo sé. ¿Técnico? ¿Músico? ¿Realizador? ¿Escritor? Soy todo eso. Creo firmemente que en el mundo artístico todo está ligado y conocer diferentes lenguajes y técnicas es fundamental para tener una cosmovisión del arte que creas. 

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